Hace más de 20 años, Enrique disfrutaba leyendo un libro de cuentos que le había regalado su tía abuela por su noveno cumpleaños. Recuerda, con nostalgia, que uno de sus favoritos era la fábula de "La apuesta entre el sol y en viento". Hoy, Enrique, vuelve a disfrutar, no sólo al recordarla, sino también al verse identificado actuando como el sol en varias ocasiones de conflicto.
He aquí la fábula tal y como Enrique la recodaba:
Estaban el sol y el viento en plena discusión por demostrar cuál de los dos era el más fuerte, cuál sería capaz de imponer su autoridad. Para demostrarlo, querían que un hombre que se acercaba paseando tranquilamente, se quitara el abrigo que llevaba puesto. El viento optó por la firmeza, sopló y solpló con todas sus fuerzas, para obligarle a que se desprendiera del abrigo, sin embargo, cuanto más viento notaba, más se aferraba el hombre a su abrigo. Veamos, por el contrario, qué hizo el astro. Una vez, el viento se dio por vencido, el sol, dejó que el hombre se relajara, que destensara todos sus músculos y siguiera caminando. A esas horas ya comenzaba a calentar el sol considerablemente, además el hombre caminaba con paso decidido, por lo que empezó a sentirse acalorado e invitado a, con un movimiento suave, quitarse su abrigo de forma natural.
Ya entonces, Enrique aprendió que mucho más se consigue con la calma que con la ira. Y hoy disfruta al repetirse que es más beneficioso dialogar serenamente que enfrentarse de forma violenta.
Dalai Lama