Saber que somos responsables de nuestros actos es algo que aprendimos en nuestra adolescencia, pero descubrir que también somos responsables de más del 80% de nuestros sentimientos, puede ser un poderoso descubrimiento que aún dándonos la satisfacción de controlarnos, nos negamos a descubrir.
¿Te imaginas que al escuchar de boca de tu herman@ palabras desagradables para descalificarte, pudieras poseer una varita mágica para decidir si queremos o no que esas palabras nos ofendan? El gran descubrimiento que hoy te acercamos es, que tú posees esa varita mágica! Sí, quizá sea difícil descubrirla, ya que normalmente, solemos llamarla simplemente, mente.
Afirmar que el que se ofende lo hace por decisión propia es concedernos a nosotr@s mism@s esa varita mágica. Tú eres el que decide si quieres que ese algo o alguien te haga sentir mal. Puedes decidir tomarte muy en serio sus palabras o sus actos y enfadarte muchísimo, ofenderte, sentirte desgraciado y tremendamente triste, o por el contrario, puedes agitar tu varita mágica, reconocer que esas sentencias negativas son sólo opiniones, que tú no compartes y que no vas a dar mayor importancia. No quieres gastar energía en pasarlo mal y justo ahí, decides no ofenderte. Inteligente postura.
Para agitar esa varita mágica en Corduras y Locuras, nos hemos apoyado en un brillante libro Más Platón y menos Prozac de Lou Marinoff, del que merece la pena ir desgranando (lo haremos en otras entradas) alguna que otra joyita de pensamiento filosófico.
Prueba a agitar tu varita contra las ofensas, o al menos, lo que tú pensabas que eran ofensas, y cuéntanoslo!