Esta semana, el grupo de Corduras y Locuras nos hemos ido de formación. Hemos dedicado dos días a hacer una de las cosas que más nos apasiona: redescubrir nuevas formas de actuar o de enfrentarnos a situaciones diferentes.
Durante estas sesiones nos han recordado varias cosas que ya sabíamos y nos han presentado otras muchas nuevas visiones sobre comportamientos y actitudes. De todas ellas, hoy, hemos elegido ésta para ti:
Es paradójico, pero la palabra que más nos cuesta decir no es lo siento ni te quiero. Es una palabra corta pero con mucha fuerza, difícil de pronunciar a pesar de sus dos letras…NO. Nos cuesta un tremendo esfuerzo pronunciarla por el miedo, quizás, a recibir un rechazo o una represalia por parte de nuestro oyente. Cuando no queremos hacer algo que se nos propone, buscamos excusas o inventamos historias, lo que sea para evitar decir abiertamente no.
En muchas ocasiones, incluso, acabamos haciendo algo que no queríamos hacer, por no habernos atrevido a decir no. Esto, nos lleva a una situación de impotencia y rabia con nosotros mismos. Lo hacemos sí, pero de muy mala gana. Esto fue lo que le pasó, no hace mucho, a nuestra amiga Déborah.
Cuando a Déborah le pidieron, en la empresa de construcción para la que trabajaba desde hacer ya varios años, que trabajara durante todo el fin de semana para poder realizar el lunes una entrega a tiempo, bajó la mirada, se mordió el labio inferior y con un tímido movimiento de cabeza en contra de su pensamiento dijo…bueno.
A partir de ese momento en su cabeza se arremolinaban truncados todos sus planes del fin de semana: tendría que avisar a Tomás, su novio, de que no podrían disfrutar del sábado en el campo como habían estado preparando, tampoco podría ayudar a sus padres con la mudanza como les había prometido, ni visitaría a María al hospital …su cabeza no dejaba de dar vueltas, no tenían derecho a hacerla esto, le estaban arrebatando su fin de semana. Déborah estaba muy enfadada con lo que le estaban haciendo. Pero, ¿cómo le hacemos ver a Déborah que no son los demás los responsables finales de haber llegado a esta situación? ¿Cómo la convencemos de que ella misma podría haber disfrutado de su fin de semana simplemente habiendo dicho NO?