Desgraciadamente vivimos en un mundo en el que los unos desconfiamos de los otros y estos otros, de los de más allá. La forma en la se comportan con nosotros los que nos rodean, siempre tendemos a cuestionarla, buscando un motivo o un por qué de esa forma de actuar…Parece que quisiéramos afirmarnos continuamente en otro de los refranes populares Piensa mal y acertarás.
Lo peor es que también nos pasa con nuestros amigos. Hoy en día, nos centramos más en pensar en que nos puedan fallar, que en reconocer todos los momentos en los que nos están apoyando. Este comportamiento de desconfianza automática nos hace encerrarnos en nosotros mismos, ser algo más huraños.
Esther, nos contaba maravillada su última experiencia de fin de semana en un pequeño pueblo castellano-leonés: Todas las casitas bajas tenían su llave colocada en el pomo de la puerta de entrada, como invitando a cualquier viajero a adentrarse en alguno de esos hogares. ¿Y no tiene usted miedo de que alguien, como yo, entre en su casa y pueda hacerle algo malo? pregunto Esther a una entrañable mujer de avanzada edad. ¿Pero es que piensa hacerme algo malo? le espetó extrañada. No, no es eso…comenzó a contestar Esther dubitativamente. Pues entonces, no hay de qué preocuparse.
Vivamos con nuestros amigos como la señora de este pueblo. Merece la pena arriesgarse a vivir tranquilamente, sin el corazón en un puño pensando lo malísimos que pueden llegar a ser los demás con nosotros. Desde Corduras y Locuras, preferimos un Piensa bien, aunque finalmente no llegues a acertar. Será mejor recibir alguna vez un desengaño, pero evitar pasarnos toda la vida desconfiando de los demás, encerrándonos cada día un poquito más en nosotros mismos. Como decía, La Bruyere, con gran razón: Más vergonzoso es desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.
2 comentarios.:
Estoy de acuerdo. ¿Cuánta gente vive con miedo pensando en lo que le puede ocurrir si sale fuera y cambia una vida de actividades enriquecedoras por un auto-exilio en su propia casa?
El miedo bloggea, perdón, bloquea, por lo que no debemos dejarnos llevar por esa emoción que nos condiciona y limita nuestros actos... Un beso desde el océano abierto
Publicar un comentario en la entrada